El llamado cambio de orden mundial se define por el tránsito del derecho al hecho. Los procedimientos reglados han dejado paso a la vía ejecutiva de un grupo reducido de personas, cuyas decisiones tienen un efecto global. Desactivada la mayoría de los contrapesos entre poderes y desacreditada la retórica de los líderes, los mercados financieros y su capacidad para poner precio a los bienes y a los servicios y descontar los riesgos futuros aparecen como uno de los pocos faros por los que guiarse. Con todas sus limitaciones.
Las cotizaciones del petróleo y del gas nos dicen cosas distintas. El mercado del crudo ha sufrido un vaivén insólito provocado por el acopio que han hecho algunas grandes economías, como China, para mitigar el riesgo de desabastecimiento. La horquilla que manejan los analistas (entre 80 y 120 dólares por barril) es más elevada que en los últimos años, pero hay que tener cuidado con las comparaciones históricas. Uno, porque 100 dólares de hoy no son lo mismo que 100 dólares de los años 70. Descontada la inflación, ahora el precio es más bajo incluso teniendo en cuenta la devaluación de la moneda estadounidense. Dos: hoy se consume más petróleo que hace medio siglo porque la economía es cinco veces más grande, pero para producir un millón de dólares de PIB se necesita la tercera parte de petróleo. Las fuentes de energía están diversificadas.
Sin llegar a los niveles del inicio de la guerra de Ucrania, el precio del gas se ha vuelto más sensible. La producción de este hidrocarburo ha ido ganando peso frente al petróleo en Oriente Próximo como consecuencia de que hay un mercado muchísimo más cerrado para Occidente que el estrecho de Ormuz: Rusia, primer productor del mundo. A Europa le ha sorprendido con los almacenes vacíos.
¿Quiere decir esto que los riesgos de vivir en un mundo de hechos y no de derechos están acotados? En absoluto. La variable más importante es la duración de la guerra y se trata de un conflicto existencial para dos actores, Irán e Israel. Una vez desatado, su finalización no sólo depende de que Estados Unidos ponga un rótulo de The End. Por otra parte, los mercados están aflorando puntos de dolor más allá de los números gruesos de las Bolsas. Por Ormuz pasan 50.000 millones en fertilizantes destinados a los grandes productores de alimentos. Éstos se han encarecido un 30% en sólo un par de semanas y su salto a la cesta de la compra mundial es cuestión de tiempo. Poco tiempo.
Los mercados nos dicen que esta crisis puede seguir el patrón de otras precedentes: que la paguen las clases más desfavorecidas, que ahora también son las clases medias.
Recibe la mejor información económica en www.elmundo.es/economia.html
2026-03-14T23:09:34Z